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Organizarse para estudiar

Articulo del 12 noviembre , 2010





Organizarse para estudiar

¿Cómo imagina su porvenir? A menudo, sólo a medida en que vayan transcurriendo sus estudios es cuando usted descubrirá y desarrollará todas las posibilidades que lleva dentro.

Organizarse para estudiar

Organizarse para estudiar

1. ¿Por qué planificar?

  • Usted ganará mucho tiempo agrupando las tareas, pero, sobre todo, limitando su duración
  • Equilibrando sus trabajos, evitará la fatiga y disminuirá el tiempo de las “empolladas” finales.
  • Usted ganará en eficacia fijándose unas prioridades y controlando el cumplimiento de las mismas.
  • Desarrollará su espí­ritu de sí­ntesis.
  • Se librará de los riesgos propios de las dificultades materiales.

2. ¿Cómo realizar un plan de trabajo?

  • Planifique desde principios de año; determine sus prioridades; trabaje regularmente.
  • Detalle su objetivo en objetivos realizables uno tras otro. Fí­jese planes anuales y luego mensuales y semanales para lograrlo.
  • Detalle y controle semanalmente sus realizaciones, incluya perí­odos de descanso.
  • Comience el dí­a visualizando el conjunto de la jornada; reparta entonces sus tareas de acuerdo con las horas disponibles, elimine rápidamente las pequeñas preocupaciones. Aprenda a variar sus trabajos; recapitule el estado de sus avances al final de la jornada. Sepa apoyarse en los buenos hábitos.

El tiempo limitado de que disponemos es uno de nuestros bienes más escasos y, por consiguiente, más preciosos. Para el estudiante adquiere un valor todaví­a mayor, ya que el aprendizaje requiere siempre una cierta duración. Toda estructuración, toda consolidación, toda maduración, toda autorrealización, se apoya en el tiempo; el cerebro debe saber apropiárselo, transformarlo en un aliado y no en un enemigo. Algunos lo descubren a mitad del curso, demasiado tarde para enderezar una situación mal orientada desde el comienzo, mientras que otros, durante ese tiempo, han podido revelar sus potencialidades gracias a la repetición de hábitos favorables.

Cada uno debe adaptarse al ritmo de progresión que se haya impuesto, pero guardando fuerzas para el sprint final. Los hábitos de trabajo se adquieren rápidamente. Buenos o malos, condicionan el cerebro; éste los reproduce sin cesar.

Sepa con exactitud cómo se desarrollan sus jornadas, cuáles son sus tiempos muertos, sus perí­odos más eficaces, sus ritmos de trabajo. Piense siempre en cómo evitar las interrupciones intempestivas y los despilfarros de tiempo. Procúrese las herramientas que le ayuden eficazmente.

1.1    ¿Por qué planificar el trabajo?

Un buen plan de trabajo se convierte rápidamente en una buena costumbre. Unos minutos diarios de reflexión proporcionan grandes ventajas:

1.1.1    Ganar mucho tiempo

Al racionalizar el empleo del tiempo, usted puede primeramente simplificar su trabajo reagrupando las tareas y suprimiendo etapas inútiles (reflexionando, usted podrá, por ejemplo, reducir sus desplazamientos). Sobre todo, fijando unos lí­mites precisos a cada trabajo, usted le creará a su cerebro unas fronteras que éste intentará respetar. Su cerebro, naturalmente, no sabe nada del tiempo; si usted no le enseña lo contrario, dedicar a una tarea dos o seis horas será exactamente lo mismo para él; estructúrelo también en ese sentido. Siempre se trabaja más eficazmente cuando el tiempo está limitado.

1.1.2    Evitar la fatiga

Esto se puede conseguir:

  • Evitando trabajar a golpes por oleadas. Las “empolladas” desaparecen si el aprendizaje se ha escalonado durante un largo perí­odo, por ejemplo, recurriendo a las fichas de revisión *. Cuando uno sabe adónde va, el trabajo parece menos difí­cil, la motivación lo simplifica.
  • Equilibrando los perí­odos de estudio y de ocio durante la jornada o la semana, variando los tipos de trabajo, las asignaturas.
  • Liberando la mente de todas las preocupaciones relacionadas con los retrasos, los olvidos, los problemas acumulados. Un plan de trabajo alivia el trabajo de la memoria.

1.1.3    Ser eficaz

Un plan de trabajo proporciona ganas de terminar lo que se ha comenzado y, de forma general, ganas de trabajar; marca las prioridades, evita abordar las tareas de forma desordenada; permite actuar positivamente, controlar la acción, evita el soñar: usted controla sus elecciones.

Tomar una cierta perspectiva proporciona una mayor objetividad sobre uno mismo, una mejor crí­tica de los propios actos, permite conocerse mejor, auto desarrollarse. Uno puede administrar su energí­a, su ritmo; trabajar siempre con sus posibilidades óptimas.

1.1.4    Favorecer el espí­ritu de sí­ntesis

Un plan de trabajo indica globalmente el camino que se ha de seguir. La costumbre de organizarse estructura, a su vez, la mente.

1.1.5    Liberarse

Planificar significa, ante todo, elegir voluntariamente los propios actos, aceptarlos. El concepto de esfuerzo desaparece detrás del de los objetivos a alcanzar; considere este plan como un contrato con usted mismo.

Planificar es también liberarse de las dificultades modificando los proyectos que uno tiene cuando las circunstancias lo exijan; es, además, disfrutar mejor de los ratos de ocio, de la vida, dotarse de los medios para realizarse. Se trata de una verdadera autonomí­a, es uno mismo quien asume sus responsabilidades sin que nadie más intervenga.

1.2    ¿Cómo realizar un plan de trabajo?

Planifique sus tareas desde el principio de año. No espere a febrero o a Semana Santa para examinar su situación o para pasar a otra clase. Recupere sus retrasos desde las primeras semanas, cuando el ritmo aún no es demasiado fuerte; no espere que el buen tiempo del mes de junio le vaya a estimular.

Acostúmbrese a realizar un trabajo regular y organí­celo gracias a un plan en el que se definan sus prioridades. Una vez más: pierda regularmente un poco de tiempo para ganar después mucho.

Conozca perfectamente las modalidades del examen. Sepa lo que se espera de usted; pregúntese adónde va antes de lanzarse a la acción.

¿Cuáles son los programas? (¿se parecen a los de los años precedentes?), ¿en qué consisten las pruebas? (¿qué competencias se le exigen al candidato?); ¿cuáles son los coeficientes, la duración y las herramientas que se permiten…? Para el examen oral, ¿qué tiempo de preparación se concede?

En la elección de las asignaturas, limite sus opciones, trabaje más bien las materias obligatorias, para evitar perder puntos. En determinados exámenes, no dude en pasar por segunda vez una prueba, cuando esto no sea posible, si cree que puede mejorar, aunque sea ligeramente, su nota (para esto es preciso haber seguido bien las clases a lo largo del curso…). Para el examen oral, prepare todas las asignaturas, ya que aun cuando no brille usted demasiado en una materia, puede verse obligado a elegirla (es más fácil subir de 4,5 a 6 en inglés que de 7 a 8,5 en matemáticas). Examí­nese de nuevo, también en examen oral, de las asignaturas en las que haya sacado mejor nota en los dos tipos de pruebas (escrita y oral); no tiene nada que perder.

Por supuesto, ¡no se lo juegue todo con una o dos asignaturas simplemente! De ser así­, usted se arriesga, por un lado, a llevarse desagradables sorpresas…, pero también a perjudicar seriamente su futuro tras los estudios (su expediente no debe presentar puntos débiles; la selección de candidatos no se efectúa, generalmente, sobre una sola materia, sino sobre el conjunto de éstas). Piense también en el libro escolar que se presenta a veces en el examen; su perfil debe permitir una eventual repesca si su nota está rozando el lí­mite del aprobado en el examen escrito u oral, y esto no ocurre nunca en el caso de un candidato que basa todo el año en la apuesta por una o dos materias.

¡No preste ninguna atención a los cotilleos que circulen! Las respuestas precisas a todas las cuestiones que acabamos de tratar las encontrará en los programas oficiales (pregunte a su profesor o formador dónde conseguirlos). Así­ tendrá a la vista todo el trabajo que debe repartir. Sabrá en todo momento el estado de sus progresos, podrá situar cada elemento de aprendizaje dentro de un conjunto y conocerá, en fin, los principales puntos sobre los que deberá documentarse. Pida, por supuesto, cualquier precisión complementaria a sus profesores, que también han analizado a su vez esos documentos.

La progresión de las diferentes materias la fijarán los profesores; usted no puede, pues, planificarlas. Lo que a usted le interesa, de hecho, es conocer las lagunas personales que deberá superar y los progresos que debe realizar. Su trabajo se referirá pues, a lo efectuado en clase, pero también a sus prioridades personales.

1.2.1    Metas, objetivos y plan de trabajo anual

1.2.1.1    Una meta

Al comenzar el curso, usted se ha fijado, por supuesto, una meta personal: pasar al curso siguiente, superar un examen, entrar en determinado curso preparatorio o en determinada rama de la enseñanza superior o de la formación profesional.

1.2.1.2    Unos objetivos

Defina entonces unos objetivos concretos; por ejemplo, obtener la media requerida en todas las asignaturas, mejorar un grupo o una materia en particular en función de los estudios deseados, salvar una o varias lagunas (inglés, expresión escrita…). Sepa discernir bien sus prioridades, esto es, evidentemente, fundamental, distinga particularmente el largo plazo y el corto plazo. Cuidado, no obstante, con privilegiar demasiado ciertas disciplinas en detrimento de otras.

Estos objetivos deberán ser siempre realizables; si no, serán probablemente rechazados por el inconsciente. Deben estar cuantificados (qué medias fijarse sucesivamente) y fechados (qué velocidad de progresión). A partir de aquí­, dejan de ser considerados como imposiciones, puesto que usted los ha elegido.

Jerarquice estos objetivos en el ámbito de las diversas disciplinas, así­ como en el marco de cada una de ellas. Usted centrará sus esfuerzos en los objetivos prioritarios, trabaje primero lo esencial y, después, si tiene tiempo, lo accesorio. Anote las acciones que piensa realizar para alcanzarlos. Evalúe, en fin, el tiempo que requiere toda tarea (en semanas, meses, trimestres).





1.2.1.3    Un plan de trabajo

Enumere los medios de que dispone: su disponibilidad en tiempo (vacaciones, momentos libres durante la semana), sus puntos fuertes (en qué disciplina trabaja usted más deprisa), sus herramientas (libros, apuntes de clase), sus apoyos (profesores, clases particulares, compañeros); tenga en cuenta también sus puntos débiles.

Con arreglo a sus objetivos y a estos medios, usted diseñará un plan general para todo el curso, que anotará a bolí­grafo sobre papel. En unas hojas horizontales, colocadas unas tras otras, construya en primer lugar, en la parte de arriba, un eje de tiempos y, después, sitúe las asignaturas unas debajo de otras, en ordenadas.

1.2.1.4    Medios de control

Todos los objetivos deben traducirse a resultados identificables mediante criterios de éxito. Usted debe hacer un seguimiento paulatino de sus progresos, bien a través de notas, bien a través de las apreciaciones de sus profesores. Como ya hemos dicho, determine con precisión lo que debe alcanzar y establezca unas fechas para controlar el buen desarrollo de su plan:

  • Al comienzo del curso, descomponga sus objetivos y medios en etapas trimestrales, sin entrar en detalles. Por ejemplo: “En inglés, para alcanzar la media, debo repasar, con el manual del año anterior, toda la gramática durante el primer trimestre.”
  • Seguidamente, al principio de cada trimestre, divida el conjunto de trabajos de ese trimestre en trabajos mensuales, por ejemplo: “El mes de octubre lo dedicaré a tal parte de la gramática que no domino.”
  • Luego descomponga, al principio de cada mes, el conjunto de trabajos de ese mes en trabajos semanales.
  • Por último, al principio de semana, divida el conjunto de trabajo semanal en trabajos diarios; traslade esos trabajos a su cuaderno.

Como para los objetivos, las actividades que se fije diariamente deberán ser siempre realizables, estar fechadas (tal dí­a, tal hora para tal asignatura) y claramente definidas (tal capí­tulo, tal ejercicio). Así­ usted conocerá en todo momento el estado de su progresión.

Prevea un margen de una a dos semanas, al final de cada trimestre, para recuperar un retraso si ha surgido algún imprevisto (no recargue demasiado los meses de febrero y marzo, a causa de las enfermedades de invierno, ni los meses de mayo y junio, con esos dí­as soleados…). No olvide contar con los perí­odos de vacaciones cada trimestre. Recuerde también los exámenes de febrero si tiene alguna asignatura pendiente; sitúe en ese caso, esas revisiones en primer lugar y después el resto, si dispone de tiempo.

Observación: Anote claramente a principios de año las diferentes fechas de inscripción o preinscripción para los exámenes y oposiciones, así­ como las relativas a los diversos expedientes o papeles que deba elaborar para proseguir sus estudios.

1.2.2    Planificación semanal

Al principio de la semana, usted debe planificar el trabajo de cada dí­a. Ese cuarto de hora de preparación durante el fin de semana servirá también para controlar lo realizado la semana precedente. Piense siempre en sus objetivos y en su estrategia global de aprendizaje: analice la situación, interróguese sobre su eficacia en el trabajo; ¿cómo podrí­a mejorarlo? Corrija sus nuevos fallos a medida que los detecte, no espere a que se acentúen. Reajuste su plan de acción lo antes posible; si es preciso, en función de las circunstancias: reví­selo nuevamente.

Sepa que los lunes (según los crono biólogos) es un dí­a poco favorable para el trabajo. Sábado y domingo son dí­as de inestabilidad y de bajos rendimientos; esto es particularmente cierto para los jóvenes estudiantes de BUP.

Incluya perí­odos de esparcimiento a lo largo de la semana: ocio, actividades fí­sicas (los fines de semana deben incluirse en los planes); éstos son tan importantes cómo los perí­odos de trabajo para el equilibrio fí­sico y psí­quico. Consulte el programa de televisión al comienzo de la semana. No seleccione más que lo que realmente le interese; planifique en función de su tiempo disponible (y no según el programa de TV). Procediendo así­, se obligará a no permanecer pegado a su aparato.

Prevea también unas zonas de tiempo totalmente disponibles, en primer lugar, para preservar su libertad, pero también para disponer, una vez más, de un margen de seguridad. Evite, sin embargo, las interrupciones importantes en el transcurso de la semana (veladas en casa de los amigos…); la recuperación resulta a menudo demasiado difí­cil.

1.2.3    Planificación diaria

1.2.3.1    Al comenzar la jornada, visualice

Por la mañana, comience por prever lo que va a hacer ese dí­a. Reflexione nuevamente sobre la forma de efectuar las tareas y en qué orden. Reserve los mejores momentos para los trabajos más difí­ciles. Establezca una clara diferencia entre lo que es importante, o incluso esencial, y lo accesorio; ¡piense a largo plazo! Trabaje de ahí­ en adelante en función de sus preocupaciones, de sus necesidades, y no de su humor o de sus antiguos hábitos.

Cuando usted organiza y visualiza su jornada, su cerebro se prepara, funciona ya para las tareas que le esperan; de modo particular, se instala en él una especie de cronómetro biológico que marca el ritmo del tiempo: los trabajos se realizan así­ más rápidamente y de manera más eficaz, pero también de manera mucho más gratificante, puesto que usted sabe adónde va, lo cual fortalece su confianza en usted mismo.

1.2.3.2    Las mejores horas del dí­a

Ciertas horas del dí­a son más favorables que otras para el trabajo intelectual; resérvelas para los trabajos más difí­ciles. Las investigaciones de los crono biólogos permiten componer así­ una jornada ideal:

  • De 9 a 12 h., buen perí­odo de trabajo, con los mejores resultados hacia las 10 h (aprovéchelo para efectuar trabajos de reflexión, de creación; resolución de problemas, disertación…). Para evitar el bajón de las 11 h, no emprenda tareas antes de las 9 h.
  • Las primeras horas de la tarde son un mal perí­odo para el trabajo intelectual; sitúe en éstas otro tipo de actividades, si le es posible. En cambio, de las 15 ó 15:30 h. a las 18:30 h. (el mejor momento, alrededor de las 17 h.); el perí­odo es favorable para la memorización a largo plazo (aprendizaje de lecciones, repasos).

Estos datos representan medias estadí­sticas. Los ritmos individuales pueden diferir según la edad, según el temperamento (depende de que uno sea más o menos madrugador o trasnochador), según el horario de comidas y según las costumbres familiares. Cada uno debe descubrir sus horas fuertes y sus horas flojas, y utilizarlas de la mejor manera posible.

1.2.3.3    ¿Cómo ser eficaz a lo largo del dí­a?

  • ¡Mantenga su mente libre! Nadie puede trabajar intelectualmente pensando en otra cosa. Libérese inmediatamente de las servidumbres materiales que pueda solucionar fácilmente (llamadas de teléfono, citas a concertar, etc.). Cuando le vengan ideas a la mente, anótelas sistemáticamente en un pequeño bloc que llevará siempre consigo. Este es un buen método para no olvidarlas y, al mismo tiempo, una forma de no recargar la mente o la memoria.
  • Prevea el tiempo necesario. Dedique el tiempo mí­nimo a lo fácil y reserve el máximo de tiempo a lo difí­cil o a lo que menos le agrade. Comience su jornada realizando los trabajos más arduos o los más importantes, así­ se quitará de encima unas importantes preocupaciones. Evite asimismo, si es posible, abandonar su tarea antes de terminarla, ya que lo que a menudo fatiga más es lo que no se ha hecho.
  • Varí­e las tareas. Alterne las disciplinas a lo largo de su jornada; eso le evitará la fatiga, además, esos diversos trabajos pueden complementarse unos con otros. Varí­e también los tipos de actividad, por ejemplo, las sesiones de memorización y después los ejercicios. Cuando termine una tarea, antes de efectuar un corte, prepare inmediatamente la siguiente buscando los documentos necesarios. Así­, cuando vuelva a reiniciar el trabajo, su mente reposada acometerá directamente lo esencial.
  • Prevea los momentos de descanso. Efectúe pausas de 10 minutos cada hora y media como máximo. Para el descanso son preferibles varias pausas cortas que una sola pausa larga. Una o dos veces por la mañana y por la tarde, coma algo para recobrar energí­as sin recargar el estómago (piense particularmente en los palotes de cereales y en la fruta). Beba también agua mejor que un excitante como el té o el café. Durante los momentos de descanso, no piense más en su tarea; relaje su mente para que vuelva al trabajo en buena disposición, pero también para que estructure sus nuevos conocimientos (ella los reorganizará sin que usted se dé cuenta, el trabajo de construcción se efectúa solo): Aprovéchelos para airearse (y para airear también su cuarto de estudio); practique eventualmente la relajación *.

1.2.3.4    Al final de la jornada, recapitule

Todas las noches, prepare rápidamente las clases del dí­a siguiente mediante un breve repaso del capí­tulo precedente y una rápida ojeada al capí­tulo siguiente (releer el Capí­tulo 11: “Cómo memorizar.”).

Realice un rápido balance de lo que ha efectuado ese dí­a, cuantifique sus trabajos y resultados (número de páginas, etc.). Señalar lo que uno ha realizado es estimulante y tranquilizador. Prepare, en fin, su jornada del dí­a siguiente para no perder el precioso perí­odo matinal, que está reservado para el aprendizaje; así­, su inconsciente estará preparado para las futuras tareas, las aceptará y parecerán menos duras. Al prever su trabajo, usted evitará también verse sorprendido por lo imprevisto. Interróguese sobre la forma en que puede ganar tiempo (piense en la documentación, en el trabajo en grupo, etc.). Adapte su plan de trabajo si lo exigen las circunstancias.

RECUERDE:

  • Resulta inútil trabajar si no se tiene un plan coherente, si ese trabajo no entra en un plan de conjunto.
  • Algunas personas sienten el tiempo como una amenaza suspendida sobre sus cabezas; otras lo controlan y lo administran eficazmente. Considere que, en lo que a usted concierne, usted es el jefe, con la única limitación de sus propias elecciones: el plan debe permitirle ser autónomo.
  • Como un campeón de alto nivel, marque un ritmo a sus jornadas; unos buenos hábitos de organización le permitirán reequilibrar sus esfuerzos sin sobrecargas puntuales; así­, usted progresará eficazmente sin malgastar energí­a mental.
  • Uno de los secretos del éxito está en la organización metódica, tanto en clase como en casa; hay que ser a la vez meticuloso y ordenado, pero también saber cuánto tiempo nos llevará la realización de una determinada acción, saber, en fin, prever, adelantarse siempre a los acontecimientos: ser eficaz.
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