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Anecdotas policiales

Articulo del 1 febrero , 2008





Anecdotas policiales.

La máquina de recuperar coches robados:
En el verano de 1.984 yo trabajaba en un vehí­culo radiopatrulla, los conocidos Z, por el distrito centro de Madrid. Era un trabajo que me gustaba mucho, y que incluso ahora echo mucho de menos.
Bueno, al caso… Estábamos patrullando por la calle Barquillo, cuando el compañero y yo observamos un vehí­culo que presentaba sí­ntomas de robo…ya sabéis, las ventanillas abiertas y el “puente” hecho. Lógicamente seguimos el procedimiento habitual, consultar al Servicio de Informática si el vehí­culo figura como sustraí­do. A los pocos segundos nos responden manifestando que el vehí­culo no figura como sustraí­do, lo cual no nos sorprende ya que el motor estaba caliente, lo que nos hacia pensar que habí­a sido abandonado recientemente.
Como estábamos seguros que el vehí­culo estaba robado, aunque todaví­a el dueño no hubiera presentado denuncia, nos encaminamos a Comisarí­a para dejar conocimiento del hecho e intentar localizar a su propietario para decirle donde estaba su coche.
Una vez en Comisarí­a comunicamos al Inspector de Guardia (Jefe de la Oficina de Denuncias) lo que habí­amos visto y donde estaba el coche y allí­ nos enteramos que el vehí­culo pertenecí­a a una empresa de alquiler de coches. Creo que es el momento de decir que el Inspector de Guardia era (y es) un excelente compañero, un buen amigo y un gran profesional, pero tiene un defecto (¿o no?) es un “cachondo mental crónico”. Por esa época tenia unos 30 años y estar con él de servicio era garantí­a de diversión.
Pues mientras hací­amos esas gestiones apareció por la Oficina de denuncias una persona que querí­a denunciar la sustracción de su vehí­culo y…..OHH SORPRESA…era el vehí­culo que habí­amos localizado en la calle Barquillo.
Por la expresión en la cara del Inspector de Guardia inmediatamente supe que iba a gastar una broma de la suyas, por lo que el “compa” y yo decidimos quedarnos, para ver que pasaba.
Entra el denunciante….y se trataba del tí­pico turista norteamericano.
Alto, pelirrojo, con un cinturón de cow-boy y camisa de flores. Se trataba de un hombre muy simpático que hablaba castellano bastante bien (según nos contó era de Texas). Sólo el ver al Inspector de Guardia, con esa carita de pena que poní­a, era motivo de risa, pero cuando el denunciante le explica que le habí­an robado el vehí­culo, su expresión cambio.
Le dice, con una cara muy alegre: “No se preocupe….hombre. En España, eso no es problema. Voy ahora mismo a consultar la maquina de recuperar coches robados, y dentro de un minuto el asunto esta resuelto”. No se quien puso la cara de sorpresa mas grande….si mi “compa” y yo, o el americano.
El inspector de Guardia se mete en el cuarto privado que habí­a en el despacho y coge un “patito” de cuerda. Ya sabéis….esos juguetes mecánicos que se les da cuerda y se mueven y picotean el suelo, y suenan TAC-TAC-TAC. Pues bueno, durante varios minutos del despacho privado lo único que salí­an eran ruidos TAC-TAC-TAC…y el americano estiraba el cuello intentando mirar que pasaba, totalmente comido por la curiosidad.
Cuando el Inspector de Guardia sale del despacho, con una sonrisa en la cara, le dice: “Su coche esta aparcado en la calle Barquillo, frente al numero tal…presenta tal y tal daño. Vaya a comprobarlo, se hace cargo del vehí­culo y ……que tenga un buen dí­a”.
El americano no salí­a de su asombro y se fue con una cara que era un poema.
Bueno….pues hasta aquí­, una broma mas de nuestro compañero, pero….la cosa no acaba así­. Resulta que el americano….era un alto cargo de una agencia policial de ámbito federal en Norteamérica y cuando finalizo las vacaciones….comentó en su paí­s que los “Españoles….tienen una maquina para recuperar coches robados”. Entonces el Departamento de Estado Norteamericano le mando una carta al Ministerio del Interior Español preguntándole de manera oficial “el funcionamiento de la “famosa” maquina de recuperación de vehí­culos sustraí­dos, tiempo que llevaba funcionando y estadí­sticas de las recuperaciones de vehí­culos, antes y después de su entrada en funcionamiento”.
Yo no se que contestación se les dio a los americanos y lo que paso después…lo que si se, es lo que nos paso a nosotros. Al Inspector de Guardia le mandaron forzoso al Paí­s Vasco, después de cumplir un mes de suspensión de empleo y sueldo, a mi “compa” le metieron 4 dí­as de empleo y sueldo y a mi me metieron 8 (4 dí­as por lo mismo que a mi “compa” y otros 4 por no poder aguantar la risa delante del Instructor del Expediente Disciplinario).
De todas maneras, solo de imaginarme la cara que debió poner el Ministro del Interior Español (en aquellos momentos el Sr. Barrionuevo) cuando tuvo en su mano “la famosa maquina de recuperación de vehí­culos sustraí­dos” considero bien pagados los 8 idas de empleo y sueldo. (Amonio – Melilla)
El perfume:
Una noche, a altas horas de la madrugada, recibimos un comunicado indicando que dos vehí­culos están circulando por las calles de Valencia realizando competiciones de velocidad, es decir, como locos.
El compañero y yo nos apostamos en un cruce y vemos pasar como una bala a los dos coches, por lo que iniciamos su persecución, logrando alcanzarlos cuando se detienen en un semáforo y al ver las luces prioritarias del coche patrulla.
Solicitamos la documentación a los conductores de ambos vehí­culos, los cuales nos la entregan y adoptan una actitud educada, pero el acompañante de uno de los coches comienza a increparnos, sin que nosotros le hagamos ningún caso, ya que no se hallaba directamente implicado.
Ante esa indiferencia su enfado va en aumento, por lo que se dirige hacia el coche patrulla, el cual tení­a las ventanillas abiertas, e introduciendo su trasero por una de las mismas suelta una sonora ventosidad, dejando el coche patrulla “perfumado”.
Ni que decir tiene que no pudimos detenerlo, ya que hasta el momento tal hecho no está contemplado en el Código Penal. Ahora bien, tuvimos perfume para rato. No se que habrí­a comido ese señor. (Spy – Valencia)
Las gafas:
Me hallaba regulando el tráfico en medio de la calzada cuando se me acerca un ciudadano exaltado diciéndome que un individuo le perseguí­a y le amenazaba con una ESPADA, y que él le habí­a arrebatado sus gafas, las cuales portaba en la mano. Las gafas eran dos culos de sifones.
Me digo yo para mí­: ese hombre que viene con la espada y sin las gafas, es que no verá a dos montado en un burro, así­ que cuando llegue, esgrimirá la espada a cualquier bulto sospechoso que distinga.
Como pude, tranquilicé al ciudadano y requerí­ ayuda a la Central.
A todo esto llega el individuo gritando que le habí­an quitado las gafas y el otro le preguntaba que dónde habí­a dejado la espada. Finalmente se fueron con el patrullero que habí­a venido en mi apoyo mientras yo continué con mi labor.
Posteriormente me contaron que la espada era de una armadura y que la encontraron en el interior de su vehí­culo. (Ginés – Sevilla)

Un arma considerable:
Una noche de un tórrido me de julio, y patrullando por la zona donde habitualmente se colocan los travestí­s y chaperos, nos comunica un ciudadano, que momentos antes, habí­a sido atracado por una persona (indicándonos las caracterí­sticas) con una navaja de grandes dimensiones.
Pasados unos minutos localizamos a una persona, que a nuestro juicio coincidí­a plenamente con la descripción dada, y que además al ver el coche patrulla, se mostraba un tanto nervioso. Para que no pudiera huir a la carrera, salté de mi asiento, cual hombre de SWAT, y le indique al individuo con cara de muy mala leche, que se estuviera quieto y se colocara contra la pared.
El ciudadano no entendí­a nada de nuestra actitud, así­ que tuve que ponerme aún más serio y colocarlo yo mismo contra la pared, al tiempo que empezaba un cacheo sistemático en busca de la dichosa navajita.
Empecé por la zona baja de los pies, para luego ir subiendo por la rodilla, hasta llegar al pecho y posteriormente los hombros (en ese momento el ciudadano seguí­a preguntando del porqué de mi actitud, y yo por mi parte continuaba con mi ” faena “, indicándole que se callara). Únicamente, me quedaba una cosa por mirar, así­ que no me lo pensé dos veces y metí­ las manos, en los bolsillos de los pantalones, y… bingo!!, encontré algo duro, que me pareció el mango de la navaja.
Luego de estar tocándolo un ratito comprobé que no era ” tan duro ” como yo creí­a, y que posiblemente me hubiera equivocado, así­ que miré a la cara a este señor y le vi con sensación de bienestar, no se como describirlo, digamos que ” a gusto”.
Después llegó la hora de las explicaciones y tras pedirle perdón e indicarle cual era mi motivo, me manifestó que era “modosito” y que la experiencia no le habí­a resultado tan desagradable, es más hasta se lo pasó bien.
Por mi parte he de decir que se me puso la cara como un pimiento de roja y tras lograr la promesa de mi compañero de que no dirí­a nada (que por cierto se estaba partiendo de risa), abandonamos el lugar con el más rotundo de los fracasos.
Cuando pienso en “ese” señor, a veces me rí­o, pero otras lamento no haber intercambiado teléfonos o algo así­, desde luego aunque modosito, puedo jurar que iba “bien armado” (Crc – Valencia)
Buena caza!!!
Estando un dí­a de patrulla rural, nos llamaron para acudir a una zona donde se habí­a producido un accidente de caza, mi compañero y yo al llegar al lugar observamos como unos voluntarios de la Cruz Roja atendí­an a una persona, de un grupo de cuatro que allí­ se encontraban cazando, la persona tení­a una perdigonada en el culo.
Tras tomar datos del herido y tomarle declaración, nos indicó que habí­a sido un accidente y que no iba a presentar denuncia, estuvimos hablando con los compañeros del accidentado para ver como habí­a ocurrido el hecho.
Oficialmente se le habí­a disparado la escopeta a uno accidentalmente, pero en realidad ocurrió así­:
El herido el dí­a anterior habí­a estado metiéndose todo el rato con la punterí­a de otro, que si no le das ni al mapa de España, que si eres un torpe, etc….; total que durante la cena el herido le apostó que se poní­a a 25 metros, se agachaba, se bajaba los pantalones, y el otro no le acertaba en el culo. Tras un rato de que si no hay huevos, que si hay, y patatí­n, quedaron de acuerdo para hacerlo el dí­a siguiente, durante la noche el resto de los amigos al que iba a disparar le colocaron toda la canana llena de cartuchos vací­os.
A la mañana siguiente lo dicho, uno se colocó a 25 mtrs. del otro se agachó y venga, pero al ir a disparar se fijó en el calibre de los cartuchos, pensó que eran muy fuertes y cogió otros más pequeños de la bolsa suya.
A consecuencia de esto el herido se llevó una perdigonada de la ostia en el culo y tuvo que pagar una cena a los cuatro. (KAT – Renterí­a)
La matahari:
Estando una tarde de patrulla, nos indica la Central que se ha hallado un cadáver sin signos de violencia en un domicilio de Rubí­. Como es muy habitual nos dirigimos al lugar sin pausa y preguntándonos como estarí­a el cadáver (quien haya entrado en domicilios con fiambres ya se lo imagina).
Cuando llegamos al domicilio, nos extraño que no estuvieran por allí­ las tí­picas chafarderas de la escalera, asomando las narices para mirar algo. Pues bien, subimos al piso y picamos a la puerta. Una señora de unos 45 años nos abrió la puerta, haciéndonos pasar como si tal cosa. Una vez dentro nos indica que el “cuerpo” lo tiene en la habitación.
Mientras yo preguntaba a la mujer, mi compañero se poní­a los guantes de látex y entraba en la alcoba pero, en la puerta de la misma, se para y da marcha atrás. Yo ya me esperaba algo muy fuerte, pero no tanto como lo que vi en aquella habitación.
En la cama de matrimonio estaba el cuerpo sin vida de una persona de unos 50 años, totalmente desnudo y con el miembro en posición de “firmes”. Preguntamos a la señora si era su marido, contestando esta que no. En vistas de que la cosa no estaba muy clara, decidimos trasladar a la señora a Comisarí­a.
Total, que buscando buscando, dimos con el DNI del fallecido, siendo un señor con domicilio en Barcelona. Una vez llegados a Jefatura y explicado lo sucedido, nos dispusimos a dar aviso a los familiares, honores que se los cedimos amablemente al primer Cabo de servicio que tuvimos a mano.
Pues coge el cabo el teléfono y llama al domicilio, poniéndose al aparato uno de los hijos del difunto. El Cabo le explica que su padre habí­a sido hallado muerto en Rubí­, contestando el hijo que “eso es imposible, mi padre está de viaje en Mallorca”.
En vistas de lo sucedido, la familia se presenta en la Jefatura en menos de 15 minutos, pidiendo explicaciones de lo sucedido…. Bueno, imaginaros lo que dirí­a el Cabo de servicio (también le cedimos el honor, jejeje).
CAUSA DE LA MUERTE: ATAQUE CARDIACO, según el forense. Pues nada, todo terminado……..
Un mes mas tarde nos vuelven a llamar del mismo piso…encontrándonos otro cadáver de similares caracterí­sticas. Imaginaros la cara de la mujer al ver llegar a la misma patrulla… Pero no acaba aquí­ la cosa….al poco tiempo vuelve a llamar la mujer con otro cadáver…
Mi compañero y yo nos preguntábamos como podí­a conseguir ese efecto tan especial aquella mujer, y que es lo que harí­a para conseguirlo…pero mejor no tentar a la suerte…; ¿No creéis ? (Fuga – Rubí­)
De cacerí­a
Mi padre, Policí­a Nacional que tuvo muy mala suerte en su primer destino y en su primer servicio, y al que siempre le pasaba algún caso raro en sus múltiples intervenciones, constantemente me recordaba que no fuera yo a heredar esa tradición familiar de las aventuritas policiales.
En fin, esta es mi historia: Destino nuevo, primer servicio, follón seguro; pero bueno yo estaba recién salido de la Academia y me decí­a que estaba preparado para todo y que no serí­a para tanto la cosa. Era una calurosa mañana de verano cuando me puse por primera vez mi flamante uniforme verde para patrullar; ¡Dios!.. casi no cabí­a en el de lo ancho que estaba… andaba firme seguro, con mi pistola, grilletes, codificado de trafico, una carpeta con mi nombre y a saber cuantas cosas mas; me tocaba realizar el servicio con uno de los guardias antiguos del cuartel pero el Brigada Comandante de Puesto pensó que lo mejor era que él me enseñarí­a la demarcación; ¡toma castaña, la primera y en la frente…joder! ¡Salir de correrí­as con el Comandante de Puesto, joder, joder; valla mala suerte la mí­a…!, me repetí­a a mi mismo; !tendré que andar con cuidado no puedo cagarla el primer dí­a!
Saque el coche, muerto de miedo al tener que salir a patrullar con el Brigada, que dicho sea de paso era una excelente persona y gran aficionado a la caza, pero claro yo entonces no lo sabia. Mi Brigada se montó en el Nissan; metió unas cajas y dijo: “unas vueltas por el pueblo y luego a las fincas”; arranque; empece a acelerar, 20, 30, 45 Km./h y a esto me dice el Brigada ¡”quillo”, ¿donde vaaaaas cuantas vueltas al pueblo quieres darle? Mas despacio que tenemos 8 horas para darle vueltas; cuanto mas rápido mas vueltas, así­ que tranquilo majete! (en este punto, mi paso firme y decidido ya se habí­a ido al garete. No llevaba ni 5 minutos de patrulla y primera bronca del mando,””jejejeje; cuando eres un novato te crees que todo son broncas).
Más tarde, después de unas horas por el pueblo, mi Brigada me dijo que saliesemos al campo para irnos a las fincas; empecé a “carrilear” por esos caminos de Dios y a la media hora, se oyó un grito estremecedor dentro del Nissan ¡paraaaa, paraaaa, paraaaa!, me gritaba. ¿Que pasa, que pasa?, me repetí­a a mi mismo, ya que yo no veí­a que pasara nada, pensaba mentalmente en mi interior.
Mi Brigada saltó del Nissan y se echó a un lado; yo me acordé de mi padre y me dije: ¡cago en Dios la santa tradición…; salte del Nissan, me tiré al suelo y me cubrí­ con el coche patrulla, a la vez que miré a mi Brigada; este no estaba en su asiento; mire al frente; coño no estaba; ¿que pasa nos atacan? saque mi pistola y miré para todos sitios. Jesús, el Brigada a desaparecido, ¿que hago, que hago?, me decí­a. Mire para atrás, por si nos atacaban por ese flanco, y es cuando vi a mi Brigada corriendo; “¿que pasa?, ¿ por que corre?, ¿adonde apunto con mi pistola?” Entonces me fije y observé que delante de él, habí­a una cosa pequeña parecida a un pájaro… ¡pero si es una .. una…. PERDIZ! Me cago en mis castas, ¿ahora que hago, le ayudo a cogerla, le pego un tiro o que hago? joder… recién salido de la academia que veí­a enemigos por todos sitios… y era mi Brigada que habí­a salido de caza! Ya os imagináis que situación tan embarazosa; en fin opte por quedarme quieto y que él solo solventara tan grave situación. :-) (ALBASIT – GERONA)





¡Marchando una de tortilla de patatas!
Estaba un compañero con otras dos compañeras desayunando un pedazo de tortilla de patatas, y una vez terminado, tení­an que hacer unas gestiones en una agencia de viajes.
Así­ que ojean el interior y al ver una hermosa muchacha en el mostrador, el compañero dice, dejadme a mi, jejeje.
Entra con cara de chico guapo, saca la cartera (en la que placa y carnet estaban separados por la tarjeta de identificación de comisarí­a), enseña la placa y dice : Buenos dí­as, policí­a.
Pero observa como la hermosa muchacha no deja de mirar su placa.
Mi compañero mira a ver que le pasaba a su placa y observa un pedazo de tortilla de patatas aplastado sobre ella.
Rápida y velozmente tapa el trozo de tortilla con la tarjeta de comisarí­a para dejar al descubierto el carnet profesional, pero, oh sorpresa, sobre el carnet hay otro trozo de tortilla aun mayor.
Esto provoca carcajadas de la chica y de las compañeras, hasta llegar casi a mojar sus braguitas, asi que este compañero, colorado como un tomate, cierra su cartera y se va del lugar, dejando aquello lleno de risas y lagrimas. (HORNET – Barcelona)
¡Que tiempos aquellos!
Estaba el franquismo dando sus últimas boqueadas. Unos funcionarios (en prácticas) del extinto Cuerpo General de Policí­a (la policí­a secreta, que es como nos llamaba entonces la gente) se afanaban en aprender en una comisarí­a de Madrid, en lo que ahora se llama Oficina de Denuncias (antes Inspección de Guardia. Se quedaron todos boquiabiertos cuando compareció en ella, preguntando por el comisario de guardia, un conocido ministro del gobierno, cuyo nombre deliberadamente omito: Habí­a perdido -o le habí­an robado- literalmente la cartera ministerial almorzando en un conocido restaurante.
En la cartera estaban para la firma varios decretos, órdenes ministeriales, etc. consideradas por el asustado miembro del gobierno como secretos de estado. Pánico en la comisarí­a, que se transmitió hasta el mismo director general de seguridad, a la sazón Eduardo Blanco Rodrí­guez. La orden de éste era clara, tajante y terminante: tení­a que aparecer la cartera por coj…n… y con todos los secretos de estado en ella sin faltar ni uno.
Sin embargo -la excepción confirma la regla- nunca vi a un comisario de guardia más sereno. Era el mismo comisario que fue mi maestro y jefe durante largos años en mi etapa de Barcelona y del que heredé conocimientos y archivo personal, pues fui -aunque esté mal decirlo- su alumno preferido.
Descolgó el teléfono y llamó a un bar preguntando por una persona, que compareció a la hora o así­ en la comisarí­a….con la cartera ministerial y secretos incluidos, casi intacta. Sólo habí­a sido forzado el cierre. Se avisó al director general de seguridad que dio las gracias al comisario por su eficiencia, y al descuidado ministro que lo encontró todo en orden sin faltar nada de nada.
Como el cierre estaba roto, el miembro del gobierno fue a encargar otra cartera exacta a LOEWE (de ahí­ proceden las carteras ministeriales) con el mismo letrero en letras doradas, que le fabricó el artesano en cuestión con diligencia y sigilo. El asunto no trascendió y aquí­ no pasó nada.
El comisario tení­a una red de confidentes de las que ya no existen, y uno de ellos que era -como tiene que ser- “perista”, al darse cuenta de que le habí­an llevado una cartera (ministerial) para vendérsela, se dio cuenta de que quemaba en las manos, la compró, y ya se disponí­a a ir a comisarí­a a entregarla al comisario cuando recibió el recado.
Los ladrones, entonces, eran gente honrada. No faltaba más y a sus órdenes, señor comisario… (CAPITÁN CENTELLAS; de la Vieja Guardia de la Fe Policial; Caballero de la lanza Roma; Coronel de la Guardia Suiza del Bacano; Almirante de la Armada Pontificia; compañero y amigo – MURCIA)
El “dominao” y el Land Rover
Ocurrió allá por el año 93, estando en la Plaza de la Reforma, que aun siendo el lugar mas frí­o y húmedo de la ciudad, puesto que esta situado al lado del rí­o, es estratégicamente el mejor sitio para disfrutar en compañí­a de tu pareja de servicio, del sabor de unos cigarrillos y controlar a las distinguidas señoritas de “vida alegre” que tienen allí­ su lugar de trabajo, y el paso de los viajeros que llegan en tren y salen de la estación.
En una de nuestras acaloradas conversaciones sobre temas estrictamente profesionales ………
BLUES: ¿Has visto que “peaso” de melones tiene la rubia esa? ,
MIKE: ¡¡ Pues anda que el culo de la morena…. no te digo “ná”……..¡¡
BLUES: Hay que ver la cara de “colgao” que trae ese tí­o…….
Y tení­a razón, era un tipo con melenas a lo león de la Metro, barba descuidada, macuto tipo militar en ristre y mirada perdida…….
B.: Disimula Mike……. parece que viene para acá.
M.: Joderrrr…….
INDIVIDUO: ¡Buenasss…..!
Blues contestó con el saludo reglamentario y musitamos al uní­sono ¡Buenas caballero!, ¿en que podemos ayudarle?, largo silencio……
I.: Buenoooo …..este……. es que yoooo……… ¡ ejem!…… bueno, creo que se reirán, pero tengo un problema…..
M.: ¿Reí­rnos nosotros?, ¿por qué lo dice caballero?.
I.: Pues verán, mi problema es que estoy “MENTALMENTE MUERTO Y DOMINADO”.
B.: ¿que estas qué?.
M.: ¡ comorrrrrr!.
I,: Pues eso, que estoy mentalmente muerto y dominado, y quiero ver al sheriff de la ciudad.
B. y M.: ¡¡ JUA, JUA, JUA ¡¡.
I.: Que si oiga, que quiero ver al Sheriff, ¿dónde puedo encontrarlo?.
B.: ¿de cachondeo supongo, no?.
M.: aquí­ no hay Sheriff.
I.: ¿qué no hay Sheriff?, anda ya……. haga Ud. el favor de poner la moto en marcha y llevarme hasta la oficina del sheriff.
B.: ¿qué le lleve yo subido en mi moto?, ¡¡ JUA, JUA, JUA ¡¡.
M.. ¡estas como una cabra tí­o!, ¿cómo quieres que te llevemos subido en nuestra moto?
I.: Pues como va a ser, contestó un poco cabreado, en la parte de atrás, ¡no te “jode”!.
B.: Venga ya, haz el favor de circular por ahí­.
I.: Pues si no me lleváis me voy a pié y se lo pienso decir….
B.: Que circule le hemos dicho…. buenas.
Y de forma airada y renegando se fue.
M.: Está como una put… cabra el capullo ese.
B.: Lo mismo se ha escapado de Sant Boi (hay un centro mental en esa ciudad).
M.: Si vuelve lo identificaremos no sea que……..
En estas que aparece a los pocos minutos un Land Rover deslizándose por la pendiente de la placa intentando en vano el conductor ponerlo en marcha a golpe de embrague, acabando por detenerse a nuestro lado.
M.: ¿podemos ayudarle en algo caballero?.
CONDUCTOR: El “jodio”, que no se pone en marcha….. si quisieran empujarme un poco a ver si lo podemos hacer arrancar.
M.: Faltarí­a mas.
B.: Ponga segunda y apriete el embrague….
B.: Y cuando le digamos suéltelo y dé gas…
No pesaba “ná” el puñetero Land Rover, aquello no se moví­a ni pá tras; en eso que aparece el DOMINAO de los cojones y se nos queda mirando con cara de capullo.
B.. Tu dominao, ayúdanos a empujar un poco anda.
M.: Eso, eso, empuja un poco majete.
Y como decí­an en el chiste el muy cabr… respondió:
I.: ¿Qué empuje yo?, ¡¡ JUA, JUA, JUA ¡¡, estoy loco pero no soy gilipollas….. anda y que os den…..
Y salió corriendo al ver que Blues lo atravesaba con una mirada de esas que se nota que mas vale estar lejos antes de que te muelan a collejas.
B.: ¡ Ven acá cabr… ¡
M.: La madre que lo matriculó.
B.: ¡ Como te coja te voy a poner las pilas mam…!
C.: ¿Suelto el embrague ya señor agente?
B.: ¿Como dice?
C.: ¿Que si suelto ya el embrague?
B.: El embrague….. el embrague………. ya me he “cagao” en sus muert…, susurró entre insultos y reniegos.
M.: ¡¡ JUA, JUA, JUA ¡¡, menudo muerto dominao, ¡¡ JUA, JUA, JUA ¡¡.
B.: ¡ Cállate y empuja coñ…!
Y ahí­ nos quedamos empujando el “jodio” Land Rover que por cierto, después de 100 metros empujando no se puso en marcha. (MIKELINOS – MANRESA)
092 = Servicio de asistencia “integral”
Cuando se creo el 092 en Badajoz, el Ayuntamiento editó unos folletos propagandí­sticos, en los que se leí­a: “SI NECESITA ALGO, LLAME AL 092″.
Como consecuencia, una de las primeras llamadas a este servicio policial fue la de una señora que querí­a que le colocásemos unos toldos en las ventanas de su casa, y nos pedí­a presupuesto para ello.
(Jupiter100 – Badajoz)
Me gusta este “curro”: Una bonita historia de Navidad
Esta es una historia ocurrida en Navidad, pero puede ocurrirnos en cualquier otra fecha.
Lograr torcer el gesto de un niño de seis años y medio y conseguir iluminarle la cara con una sonrisa, justifica mil sinsabores, es algo de lo que muy pocas profesiones pueden presumir, ¿o acaso no os habéis dado cuenta de que, cuando estamos en tertulias con gente de distintos “curros” tenemos un repertorio de sucedidos muchí­simo mas abundante que ellos?.
Nos llaman, sobre las 02,00 horas, y nos comunican que hay una mujer con un niño de corta edad en una sidrerí­a que va a cerrar, y que dado que ella está bastante bebida, solicitan nuestra ayuda al sospechar que no está en condiciones de ocuparse del crió.
Llegamos al lugar y, efectivamente, la mujer, de unos treinta y pico años, y bien vestida, está literalmente “apuntalada” contra la pared exterior del local, ya que, en cuanto su equilibrio depende de ella exclusivamente, se cae. A su vera un niño, con una cara simpática, y, (ya me sorprendió desde el primer momento), un aura de aplomo y de autocontrol impresionante. Tras un primer cambio de impresiones con los adultos me dirijo al chaval y me sorprendo porque al ser preguntado como se llama me responde , con una voz clarí­sima y firme, sin un temblor, aunque eso si con cierto exceso de volumen: ” ME LLAMO GUILLERMO “.
Parece ser que el padre (creo que ingeniero de minas) y la madre (médico), habí­an discutido mientras cenaban en la sidrerí­a, por la embriaguez ya un poco habitual de ella y, en un alarde de inteligencia que me pareció mas propio de un mico que de una persona que con su esfuerzo intelectual habí­a conseguido culminar los estudios de una carrera que, al menos en Oviedo, es considerada la mas difí­cil de todas, abandonó el lugar con su coche, dejando madre e hijo en la circunstancia reseñada al principio.
Tanto mi compañero como yo, mientras intentábamos solucionar la situación, nos volcamos en intentar neutralizar los efectos psí­quicos que estaba sufriendo Guillermo, para lo cual, le contamos cuantas tonterí­as se nos ocurrieron, siempre buscando su sonrisa y, con ella su atención hacia nosotros, desviándola del triste espectáculo que daba su madre, y lo conseguimos, vaya si lo conseguimos. Una vez en la jefatura, como es lógico, lo primero de todo las motos con sus luces y sus sirenas ( es increí­ble el grado de hipnotismo que tienen las motos de la policí­a sobre los crí­os con problemas ). Entre nuestras motos tenemos dos C1 de BMW con la tulipa de los destellos sobre el techo y con una sirena potentí­sima, que, como no, LE ENCANTARON hasta el punto de volvernos locos con tanto ruido en aquel sótano. Su cara ya era la propia de los crí­os de esas pelí­culas dulzonas de los años sesenta, su expresión de felicidad era grande, no absoluta, ya que, de vez en cuando se le torcí­a el gesto y, de reojo y como queriendo que no le viéramos, miraba hacia la puerta donde estaba su madre, momento en que nosotros doblábamos nuestro esfuerzo en recabar su atención. Después de las motos le llevamos a la centralita desde la que nos pusimos en contacto por la emisora con el compañero Marcelino con quien mantuvo una conversación graciosí­sima, con una soltura y un desparpajo que dejaba vislumbrar una gran inteligencia y fortaleza.
La situación fue normalizándose hasta que el padre llamó desde su móvil al de ella, y por ese medio le dijimos que se acercara, lo que así­ hizo.
Nuevamente el cine de español de los sesenta se me presentó al ver correr al crí­o, con la mochila que llevaba a la espalda y que en ningún momento quiso quitarse, hasta abrazarse con su padre.
Hay todaví­a dos imágenes que tengo grabadas en la mente y creo que tardarán en borrarse; la primera fue cuando Guillermo llegó con su padre al área de urgencias del Hospital de Avilés, a donde habí­amos llevado a su madre ya que su marido nos pidió esa colaboración a fin de intentar conseguir tranquilizarla, no fuera a hacer una locura durante el viaje por la autopista hasta Oviedo donde viví­an. Pues bien, cuando ellos llegaron yo estaba charlando con los vigilantes de seguridad en el soportal de la recepción de ambulancias y al verme desde lejos me llamó “RAFAAAAAAAA”, con una voz que me sonó a música, y se acercó corriendo hacia mi como si me conociera de toda la vida y con una sonrisa de felicidad de oreja a oreja, supe en ese momento que estaba haciendo todo como debí­a, y pensé que, en este trabajo nos enseñan a poner un torniquete en una pierna y nosotros, con nuestra experiencia aprendemos solos a ponerlo en un sitio que duele mas, en el alma.
Tras nuestra actuación en el Hospital ( hablar con el médico – que, por cierto era compañero de promoción de ella y la conocí­a-, e instruir al padre sobre como quedaba todo ya en sus manos ) al marcharnos, nuevamente un remake cinematográfico se me asomó en colores; La sala de espera del servicio de urgencias tiene como pared que da al aparcadero un inmenso cristal, desde el que (desde fuera) se ve a los familiares, y al marcharnos caminando, volvimos la vista atrás y vimos como el crí­o (QUE COÑO CRíO, ESE MONUMENTO A LA INTELIGENCIA Y A LA CAPACIDAD DE SUPERVIVENCIA DEL HOMBRE), se soltaba de la mano de su padre y pegaba su cara al cristal diciéndonos adiós con la mano abriendo mucho la boca al pronunciar nuestro nombre. Caminamos de espaldas hacia el coche y de frente a él devolviéndole el saludo hasta doblar una esquina y perdernos en la noche ESTOY CONVENCIDO DE QUE HUBIÉRAMOS HECHO LLORAR DE EMOCIÓN AL MISMíSIMO GARCI.
Quedan atrás un montón de promesas incumplidas; llevarle a ver el camión de los bomberos, el paseo en helicóptero de la policí­a con las sirenas por todo el cielo de Avilés, ……………… (¡¡pues claro que no tenemos helicóptero, pero hubo que decirle que lo tení­amos en el taller, averiado!!).
Rafa
Polis matronas
Lo que voy a contaros es el servicio que mayor satisfacción me ha producido desde que entré en esta empresa, (Policí­a Local de Manresa) hace ya diecisiete años.
He de advertiros que esta anécdota va a ser larga de contar, pues son muchos los detalles que de este servicio quiero participaros.
Fue un viernes cualquiera y eran sobre las cuatro de la tarde. Las cuatro y dos minutos para ser exacto. Hací­a dos minutos que habí­a empezado mi turno, y la tarde se presentaba como otras tantas. No sabí­a yo que iba ser aquélla en la que una vez finalizado mi turno, me iba a sentir tan bien, que daba por compensados todos aquellos malos ratos que esta profesión nuestra, es tan propensa a proporcionarnos.
Entró una llamada en el 092 en la que un marido, enormemente asustado, nos comunicaba que su mujer estaba dando a luz en las escaleras de su casa. “¡El niño ya está saliendo!” exclamaba fuera de sí­ el preocupado caballero. Se daba la casualidad que la señora habí­a tenido el capricho de ponerse de parto en la calle Jorbetes de esta ciudad. Cualquiera que quiera mirar un callejero de Manresa, verá que esa calle está caprichosamente situada justo delante de las dependencias de la Central de la Policí­a Local, estando la citada entrada a escasos metros de la misma.
Desde la central, se pasó inmediato aviso al 061, para que enviara una ambulancia y el VAM (Vehí­culo de Asistencia Medicalizada, equivalente al SAMU) y se dispuso que una patrulla se desplazase de urgencia al lugar.
Ante la perspectiva siempre enriquecedora que se me presentaba de presenciar un alumbramiento, y con la convicción que nuestra intervención iba a limitarse a una tensa y corta espera del personal sanitario, y a lo sumo un acompañamiento a los vehí­culos de emergencia que hiciera más rápido y seguro el traslado, le propuse a uno de los cabos de servicio en la central, que me acompañara al lugar, del que sólo nos separaban escasos metros.
-Uffffff… –exclamó mi compañero- La sangre y yo no nos llevamos bien. Casi prefiero quedarme aquí­.
-Pues yo sí­ me apunto- añadió mi compañera y amiga Yolanda. Por lo que nos dispusimos los dos a desplazarnos al lugar, a pie, sin ninguna prisa, pues esperábamos todos que la llegada de la ambulancia y del equipo médico del VAM, se hubiese producido ya.
Nada más salir a la calle, un compañero llegaba y estacionaba su moto frente al edificio donde se suponí­a estaba pariendo la señora, saliendo a los pocos segundos, con el rostro desencajado, solicitando a gritos, y de forma urgente por su transmisor portátil, insistencia en la llamada a la ambulancia.
Apretamos el paso, que no nos quedaban más que unos pocos, y nos presentamos en el portal. Allí­ nos encontramos a una joven, apoyada en las escaleras, con un bebé en sus brazos, unido aún por el cordón umbilical el cual se introducí­a en el vientre de la madre, al no haber aún expulsado la placenta.
Me volví­ hacia la calle y no habí­a ni rastro de la ambulancia. De nuevo junto a la madre, apreciábamos al bebé inmóvil, sin respiración ni llanto. A su lado, el padre de la criatura, hecho un manojo de nervios, suplicándonos que hiciésemos algo, que su bebé se morí­a.
El puñetero nudo de mi zapato izquierdo se resistí­a. Supongo que a causa de los nervios. Por fin cedió y lo atamos al cordón umbilical. No pensé en los millones de microbios que debí­an campar a sus anchas por los cordones de mis zapatos, pero no tení­a a mano unas pinzas estériles. El cordón estaba ya atado. Sólo quedaba cortar.
Saqué la navaja multiusos que me regaló mi hija Carol (gracias Dody, guapí­sima. Quién te iba a decir que me serí­a tan útil tu regalo) La navaja, al salir de su funda, tiene la apariencia de unos alicates, pues todas las hojas y utilidades se despliegan desde los lados de la herramienta. Yolanda dijo:
-Migueeel !!! No seas brutoooo!! Con los alicates nooooo !!
La madre dio un brinco.
-Con los alicates noooo !!!! –coincidió la madre con Yolanda.
– Tranquila, que no lo hago con los alicates. Esto no os va a doler ni al niño ni a ti.
Dudé un instante. Quizás debí­a haberme puesto los guantes de goma. El tacto del cordón umbilical se me antojó húmedo y frágil. Aguanté la respiración y corté. Levanté el niño. En las pelí­culas, todos hemos visto como agarran el bebé por el tobillo y luego de dan una zurra en el culo, como castigándolo por haber nacido. Yo quise hacerlo pero, con toda la grasa que llevaba la criatura por encima, me daba la impresión que se me iba a escurrir.
Como si me leyera el pensamiento, Yolanda decí­a “Miguel, cuidado, no se te vaya a resbalar”
Entre los dos, teniéndolo cogido como se toma a los bebés, lo empezamos a mover todo lo que podí­amos. No le zurrábamos pero lo asustábamos, a ver si así­…
No sé que debió pensar la pobre criatura, pero lo cierto es que rompió a llorar. Empezamos a respirar tranquilos. La madre empezaba a sonreí­r. Y el padre iba y vení­a sin saber qué hacer.
Le pedimos que fuese a buscar algo con lo que tapar a la criatura, pues de todos es sabido lo importante que es mantener la temperatura corporal. Nuestra patrulla, que ya estaba allí­, y siguiendo los dictados de la famosa Ley de Murphy, no llevaba en el botiquí­n la manta térmica que en cantidad de cinco o seis, llevamos en todas las patrullas. Se presentó el hombre con una manta, que no sé de dónde habí­a sacado, pero que a buen seguro no estaba lavada con Vernel, a tenor de lo que pinchaba la condenada. “Si tapamos con eso al niño, lo desollamos seguro” bromeamos después, una vez todo habí­a pasado.
En estas, Yolanda que se empezaba a desabotonar la camisa.
Mujer, esperaaaaa !! -le dije- Ya me la quito yo, que no es plan de salir de aquí­ en sujetador.
Cuando me quité la camisa, me aclaró mi compañera que su intención no era quedarse en ropa interior, sino abrir su camisa para colocar el bebé en su pecho, por aquello de proporcionarle calor humano. De todas maneras, envuelto en mi camisa, el bebé se alojó bajo la de mi compañera que, tuvo la prudencia y el buen tino, de soplar en las ví­as respiratorias de la criatura para eliminar cualquier cosa que pudiese obstruirlas. El bebé se lo agradecí­a -según me contó luego- sacándole la lengua.
La ambulancia seguí­a sin aparecer. Llevábamos allí­ un más de un cuarto de hora y ni VAM, ni ambulancia ni nada. El bebé lloraba con menos intensidad. Supongo que se encontraba cómodo y calentito, pero las tení­amos todas con nosotros. Decidimos hacer el traslado con una unidad nuestra. Nuestra patrulla K-26 salió zumbado en dirección al Hospital General de Manresa.
Dicen que a los niños recién nacidos les hace mucho bien la música clásica y las frases dulces. Éste iba con las sirenas de un coche patrulla y con los gritos de tres policí­as. Los dos de delante discutiendo cuál era el trayecto más corto, y una tercera (mi compañera tumbada en el asiento trasero con el bebé sobre ella) recordándoles que lo importante era llegar de una pieza.
Y allí­ me quedé con la madre. Le preguntaba si ella sabí­a qué pasaba con la placenta. Si salí­a sola o si tení­a que tirar yo del cordón umbilical (en la asignatura de primeros auxilios sólo nos explicaron hasta donde se ata y se corta el cordón y se abriga al niño para que no pase frí­o) o bien si tení­a que empujarle el vientre como vi yo hacer al ginecólogo que trajo al mundo a mi hija… Pero la pobre decí­a no tener ni idea. Yo intentaba tranquilizarla diciéndole que su bebé era una preciosidad y que lloraba con mucha energí­a, que a buen seguro tení­a unos pulmones muy potentes.
Poco más podí­a hacer, que sentarme junto a la madre, agarrar su mano y esperar a que de una puñetera vez apareciera alguien con conocimientos médicos homologados como Dios manda, pero sólo llegaban vecinas del inmueble que me preguntaban si querí­a toallas y esas cosas.
Decidí­ llamar a nuestra furgoneta de atestados. Allí­ podrí­amos tumbar a la madre y llevarla nosotros mismos al hospital.
Le dio tiempo a una agente del equipo de atestados, de salir de Jefatura y de presentarse allí­ antes que la asistencia médica. Cuando nos preguntábamos cómo moverla hasta la furgoneta se presentó –¡por fin!- el VAM, y poco después la ambulancia. Allí­ estabilizaron a la madre. Le pusieron el gota a gota, y a las 16.28, salimos en comitiva hacia el hospital. Mientras nos desplazábamos hacia allí­, recibí­ una llamada de nuestra central, en la que me comunicaban que el bebé habí­a llegado perfectamente, que era una niña, que se iba a llamar Aina (yo, vanidosamente pensé que quizás la llamaran Yolanda-Micaela J ) y que habí­a pesado 2,980 Kg.
Poco después, llegamos con la madre. Yo andaba preocupado pues no encontraba mi gorra. Tengo la costumbre de no salir del coche nunca sin ella, pero me comentaron que no le diese demasiada importancia al tema de la gorra, pues iba sin camisa. Solucionamos el problema con el “picardí­as” verde reflectante de un compañero. Hay fotos de ese momento pero estoy intentando borrarlas de todos los discos duros de la empresa antes de que Mikelinos las encuentre y las mande a la lista.
Allí­ me reencontré con Yolanda. Me comentó que al verla llegar muy nerviosa, la doctora le ofreció un Valium. Ella declinó el ofrecimiento aunque contestó a la doctora que no le harí­a ascos a un cigarrillo rubio.
Nos fuimos a duchar y a cambiarnos de ropa y, tras pasar por una floristerí­a donde compramos unas flores a la madre (nos sentí­amos muy culpables del susto de los alicates) fuimos a conocer a nuestra nueva compañera, que no en vano habí­a tenido por primer vestido, una camisa de sargento de la policí­a local.
Lo que pasó allí­, no sé como describirlo. En todos estos años como policí­a, jamás me habí­a sentido tan útil, ni tan colmado de agradecimientos. Besos, abrazos, frases de gratitud. Lo que sentí­, rectifico, lo que sentimos aquella tarde, compensa con creces todos esos malos momentos que muchas veces pasamos. Recuerdo especialmente el abrazo que la abuela de la criatura le dio a Yolanda. Se las veí­a a las dos tan felices…
Y eso ha sido todo. Perdonad la extensión, pero no me querí­a dejar nada en el tintero.
Vaya… me estaba dejando mucho en el tintero:
Muchas gracias, Yolanda. Te portaste como yo sabí­a que te ibas a portar.
Muchas gracias, Francesc Xavier. Por dejarme el “picardí­as” y por llegar antes que nadie.
Muchas gracias, Lean y Sierra. Por hacer el trayecto hasta el hospital con un par. No, ese par se merece unas mayúsculas: ¡CON UN PAR!
Muchas gracias, Alberto, por pasar de tu cabo y venirte a echar un cable.
Muchas gracias, Ángela, por ayudar luego con la madre y por darme tabaco cuando más lo necesitaba.
Muchas gracias a esa madre y a esa niña, Raquel y Aina. Por ser tan guapas y por llegar las dos bien al hospital.
Blues
El Poli…glota
Mediados de los 80. Agosto. Estabamos parados con nuestras Motos (“Sanglas”) en la Plaza de la Reforma de Manresa. Contaba yo a mi compañero Angeliyo que aquella misma mañana habí­a ido, muy temprano, a recoger a mis cuñados al aeropuerto. Vení­an de Kenia, donde acababan de pasar su luna de miel. Le explicaba que me habí­an traí­do una camiseta con la inscripción de una frase que, luego la pelí­cula “El Rey León” hizo famosa pero que, por aquellos entonces, era totalmente desconocida. La frase, escrita en swagili, idioma oficial en Kenia, era la siguiente “Pole, Pole. Akuna Matata” . Me aclararon mis cuñados que aquella frase, traducida al cristiano, significaba algo así­ como: “Tranquilo, tranquilo, no pasa nada”.
Pues en eso estábamos cuando escuchamos por la radio que nuestra central “M-249″, enví­aba a una patrulla a la estación de RENFE donde, por lo visto, vení­a el Expreso Barcelona- Madrid, con unos individuos sin billete, que se les habí­an rebotado al revisor. Nos dispusimos a acercarnos, pues estábamos cerca, pero nuestra central nos envió, ví­a radio, a un accidente con heridos en la C-1411, con lo cual, pitos, luces y zumbando en dirección contraria a la estación.
Restablecida la seguridad y el tráfico en nuestro accidente, escuchamos por la radio que la patrulla que ya habí­a intervenido en la estación de RENFE, aún seguí­a en Comisarí­a, que habí­an trasladado allí­ a tres súbditos Keniatas, totalmente indocumentados, que no tení­an ni idea de español, ni de inglés, que uno de ellos, chapurreaba algo de francés, pero que en Comisarí­a, si bien varios agentes hablaban inglés, incluso uno de ellos alemán, nadie tení­a ni puñetera idea de francés.
Como Angeliyo tení­a algo de idea de francés, decidimos acercarnos a la Comisarí­a por si podí­amos resultar de ayuda.
Allí­ resultó que entre poco francés que hablaba Angeliyo y poco francés que hablaba el keniata, no consiguieron aclarar nada. Yo, que veí­a muy agobiados a los keniatas, que no encontraban a nadie que les entiese, no se me ocurrió otra cosa que, recordando la frase de la camiseta, soltarles lo de “Pole, pole, akuna matata”. O sea “tranquilos, que no pasa nada”.
Los keniatas, se giraron al oí­rme, como si hubiesen encontrado al Mesí­as y empezaron a parlotear en su idioma. Yo, les dejé hablar hasta que se hartaron y luego insistí­: “Pole, pole. Akuna Matata.” Como el que les desea suerte. Giré sobre mis talones, y me fui, olvidando el tema.
Mas tarde, cuando estábamos a punto de hacer el relevo y irnos a casa, entra el Jefe de servicio y nos dice. ” A ver, yo ya le he dicho al Inspector del Cuerpo Nacional de Policí­a, que tiene que tratarse de un error, pero dice, en relación a los negritos de esta tarde de la estación, que los tiene super rebotados, que uno de ellos que medio habla francés, les ha dicho que se niegan a decir nada hasta que vaya el policí­a de azul (entonces el CNP iba de marrón) que habla swagili.
“Ninguno de vosotros habla swagili, ¿verdaaaad?”
Yo me sé de uno que salió de la sala de relevo disimulando, silbando y mirando al techo.
Blues
El poli con gases

Esta le pasó a mi buen amigo, que en paz descanse, Arjona.

Es la tí­pica anécdota que cuentan los más veteranos de la casa, pues pasó en los años setenta. La cuento como el propio Manolo (al que desde aquí­ mando un saludo, que bien divertido tienes que tener al cielo, joí­o !! ) me la contó a mi.

Manolo Arjona, por aquellos entonces era “guardia de circulación” de los que, tocados con el salacot, se subí­an al punto de circulación y pasaban su turno regulando el tráfico.

Se encontraba Manolo, como todos los dí­as, en “su” punto de circulación, conocido por los guardias como “La Farola” por hallarse este junto a una histórica y pintoresca farola, sita en la Plaza de Cristo Rey de Manresa, confluencia entre nuestra Rambla y la Calle Guimerá, calle comercial donde las haya.

Por lo visto, la comida no le habí­a sentado muy bien a Manolo y tení­a las tripas algo agitadas y alborotadas, por lo que en un respiro en el tráfico, se dejó ir, expeliendo una sonora ventosidad de las que duran doce segundos y cambian siete veces de melodí­a.

Un instante después de su “alivio”, reparó en una sombra proyectada desde su espalda revelaba que detrás suyo se encontraba detenido un turismo.

De inmediato se giró observando un Renault Gordini conducido por una señora, muy distinguida y emperifollada, vestida y tocada con ropas y joyas de lujo.

Angustiado por si la señora habí­a presenciado su mayúscula pedorreta, Manolo, como quien no quiere la cosa, le preguntó a la señora:

– ¿Lleva usted mucho tiempo ahí­ parada, señora?
– Desde que has empezado a peerte, so guarro !!
Blues

La pierna de la muñeca

Era una mañana de domingo, de las de antes. Es decir, aquellas en las que los domingos eran plácidos y tranquilos, en vez de estar inundados de actos lúdicos que divierten a cuatro y cortan la circulación y complican la vida al resto. Faltaba poco para finalizar el servicio.
Una llamada de la central, nos sacó a Angeliyo (mi inseparable compañero motorista durante varios años ) de lo que nosotros llamábamos “parada para fumar el pitillo” y que desde que dejé el tabaco hace más de cuatro años, añoro una barbaridad.
El policí­a-operador de radio, nos comisionaba a que fuésemos a la Calle Sant Joan d’en Coll, número que omito por mor del secreto profesional, donde una señora nos informarí­a de un problema doméstico.
En breves instantes, llamamos a la puerta de ese domicilio, donde una señora que rondaba la cincuentena, nos abrió y nos rogó que entrásemos en su casa, sita en la planta baja del inmueble.
Al interesarnos por el motivo de su llamada, esta nos respondió.
– Es que … se van a reí­r ustedes…
– Nosotrooooooos??? Señora…. que está usted hablando con dos profesionales… Cuente, cuente….
– Bueno, el caso -prosiguió la señora- es que desde hace un tiempo, algún vecino, de los pisos superiores, me tira porquerí­as al patio y ya estoy algo cansada y quiero poner fin a eso.
No entendiendo porque debí­a hacernos reí­r el hecho que un vecino tirase basura a un patio, seguimos a la señora hasta donde iba a mostrarnos , in situ, la prueba de su queja.
– Vean, vean ustedes mismos…
Yo miré y me pareció ver la pierna de una muñeca. Me giré extrañado con la intención de decir a la señora que no habí­a para tanto, que igual a alguna vecinita se le habí­a roto una muñeca Nancy y se le habí­a caí­do esa pieza pero, al girarme, vi a Angeliyo con cara de circunstancias y haciendo verdaderos esfuerzos para no reí­rse. Extrañado, le dije a mi compañero.
-Qué pasa? Qué tiene de gracioso la pierna de muñecaaaa?
Angeliyo, ante eso, no pudo evitarlo y se empezó a carcajear descaradamente, retorciéndose de risa ante mi perplejidad. La señora, como era obvio salió con lo de:
– Ya sabí­a yo que se iban a reir…
Yo seguí­a sin saber de qué iban las risas y Angeliyo me decí­a:
– Miguel, tí­o…. pero tú has mirao bieeeeen?
Yo que me acerco al trozo de muñeca y a medida de que me acerco veo que lo que yo habí­a tomado por la inofensiva pierna de una Nancy, era en realidad un consolador, de tamaño… envidable, y que reproducí­a fielmente un pene en estado de erección.
Ante esto, me costaba lo mí­o no carcajearme, viendo a Angeliyo casi revolcarse, pero me mantení­a serio y firme hasta que la señora soltó:
– No sé ustedes como llaman a eso, pero para mí­, eso es un pedazo de falo, eh?
No pude resistir eso y empezamos los tres (la señora se añadió) a destornillarnos de risa.
Preguntamos a la señora si sospechaba de alguien y esta nos dijo que ella no, pero su hija (una moza de 18 años) creí­a que podí­a ser un vecino que alguna vez le habí­a invitado sin éxito a unas partiditas del juego llamado “el teto” que imagino que todos conoceréis y que en caso negativo os recomiendo consultar la sección “relax” de cualquier periódico, donde hallaréis algunas direcciones donde, por un módico precio y, tras la asunción de ciertas precauciones profilácticas, os instruirán (con clases prácticas) sobre las particularidades de dicho entretenimiento.
Tras despedirnos de la señora nos llevamos el cuerpo del delito. Para que os hagáis una idea del tamaño, sólo deciros que tuve auténticos problemas para meter “la cosa” en la maleta lateral de la moto.
Una vez en la central, podéis imaginaros el alborozo y el cachondeo que montamos con la “pierna” de la muñeca. Informamos del hecho por escrito y adjuntamos el consolador al informe. El jefe de sala se quejaba de que “el instrumento” no le cabí­a en la carpeta donde se dejan las novedades al Inspector de servicios por lo que me retornó tan envidiable atributo.
Como quiera que no era mi intención llevarme “aquello” a mi casa, y al no saber qué hacer con semejante atributo, pasé al despacho vací­o del Inspector de servicios, abrí­ la carpeta de las novedades, extraje el informe relativo a nuestra intervención, lo puse a un lado de la mesa, y lo coroné con el “aparato” a modo de pisapapeles, finalizando así­ el servicio y la jornada.
Al dí­a siguiente tuve fiesta. Al reincorporarme al servicio, dos dí­as después, nada más entrar por la puerta, oí­ al Inspector de servicios que me llamaba a su despacho, a gritos y muy cabreado.
Pasé, y tras abrirme un cajón y me sacó y me mostró aquel “chisme” a la vez que me decí­a:
– ¿Usted se cree que se puede dejar “esto” encima de mi mesaaaaaaaaaa? El lunes, llegué yo por la mañana, acompañado de una visita femenina y la hago pasar al despacho delante de mí­. Y… Imagí­nese usted la cara que puso la señora…. y la cara que puse yo…. Oigaaaa ¡ Se puede saber de qué se rieeee !!??? Y encima se rí­e !!!!! Salga inmediatamente de mi despachooooo !!! So gamberrooooooo !!!! Fueraaaaaaa ¡!!!!!
Blues

El señor que no llevaba casco

Este suceso ocurrió un agosto de hace unos cuantos (bastantes) años, cuando vuestro “blues” era todaví­a un mozetón con mucho pelo y muchas ganas de arreglar el mundo.

Era una tarde calurosí­sima, de ese calor humedí­simo al que los manresanos estamos acostumbrados pero que tanto sorprende al visitante. ( “¿Y tú dices que en Sevilla hace calor?” fueron las palabras de mi sevillana amiga Mabel, en una visita que me brindó un mes de agosto de hace unos años)

Serí­an las tres de la tarde y recibí­ una llamada de mi central para pasar a recoger a mi compañero motorista que se habí­a tenido que quedar en Jefatura para resolver unos trámites burocráticos relacionados con un accidente.

Las circunstancias del tráfico obligaron a éste que os escribe a detenerse ante en el semáforo de la confluencia de la Carretera de Cardona con la Calle Dos de Mayo, con el asfalto derritiéndose bajo mis botas de motorista, que amén de protegerme de rozaduras y rasguños en caso de eventual caí­da, me achicharraban con sarna y tesón las pantorrillas.

El carenado de la Sanglas, cumplí­a a la perfección su cometido de proyectar sobre mis ya bullentes botas, todo el calor que el motor de cuatro tiempos y refrigerado por aire, desprendí­a. El casco pesaba sobre mi cabeza más que la deuda exterior sobre los argentinos y proporcionaba a mi entonces poblado cuero cabelludo, un abundante y uniforme baño de sudor, fruto del particular efecto invernadero en el que el sol y el casco se aliaban para regalarme tamañas dádivas.

Numerosas gotas de sudor resbalaban sobre mi casi imberbe rostro (qué tiempos aquellos…) como enfrascadas en una trepidante carrera de slalom, culminada con el trampolí­n de mi barbilla y propulsadas, hasta despachurrarse, en y hacia, el depósito negro y cromado de mi fiel motocicleta.

Me hallaba yo pensando en la importancia del precio de los preservativos y su influencia en la asfixiante explosión demográfica que sufrí­a el tercer mundo, o en cualquier otra cosa, cuando por los retrovisores de mi vehí­culo veo aparecer a un señor, entonces me pareció mayor pues debí­a rondar los treinta y cinco, pero que hoy me parecerí­a un chaval joven, montando una BMW 1000 RT, con su amplio carenado rojo brillante y con su peculiar
motor en boxer sobresaliendo a ambos lados de la máquina.

A medida que se acercaba, aprecié que el conductor no iba provisto del reglamentario casco de protección. El termómetro de uno de los comercios de la zona -vi con el rabillo del ojo- marcaba 43 grados. Busqué a mi alrededor en pos de una sombra y observé que hasta donde me alcanzaba la vista no habí­a ninguna.

Denunciar a ese pobre motorista sin el cobijo de una sombra que me aliviara, se me antojaba una ardua tarea para la que ni mi cuerpo ni mi mente, se hallaban preparados.

El peculiar petardeo del motor de la BMW me indicaba que el motorista se acababa de colocar a mi diestra, por lo cual, como el que no quiere la cosa, disimulé mirando a mi siniestra, como si buscara algo en la maleta izquierda de mi moto, con la imperiosa necesidad e intención de no verlo. Cruzando los dedos para que el puñetero semáforo se pusiera en verde de una puñetera vez, librándome así­ de mi obligación sancionadora, oí­ al conductor de la moto, llamándome:
-Psst, psssssst ! -el que suscribe se hizo el loco, como si no fuera con él.
-Pssst. Psssssssst! -insiste el infractor- El que suscribe, al no haber mediado nombre ni cargo, hací­a como los súbditos de Estocolmo, o sea, el sueco.
– Psst-Pssst ¡ Oigaa, guardiaaa ¡ -Ahí­ ya no tuve remedio, por lo que tras el saludo reglamentario, mano en la visera del casco, me dirijo a él:

– Buenas tardes, caballero.

-“Pos” que te querí­a yo decir… – me suelta el hombre con una enorme sonrisa- …que menuda putada que te hagan llevar casco con estos calores, nooo?

Al que os cuenta esta historia le entró esa especie de agitación, que te empieza en las tripas y que, como un torbellino, se te dispara a todo el cuerpo para, a la altura de los ojos, convertirse en nube que, valga la redundancia, nubla tu vista, te sesga la calma y te agita ese diablillo que todos tenemos y que te dice “quí­tate el casco y le das con él en la boca
al muy (……………) !”

A tiempo se me diluyó esa sabrosa idea, lo cual no fue óbice para tras pedirle la pertinente documentación, proceder a denunciarlo por el artí­culo 16 del Código de la Circulación vigente en aquellas fechas, por conducir una motocicleta, de cilindrada superior a 125 c.c. sin utilizar el preceptivo casco de protección homologado, hecho lo cual, el ciudadano se excusaba:
– No se lo tome usted así­, señor agente, que es que yo, al verlo a usted tan “acalorao” me he dicho “fí­jate tú, pobre chaval, el calor que está pasando con el casco… Menuda putada esta pobre gente…”

– Pues le agradezco su compasión -respondí­- pero otro dí­a, mejor se compadece usted de mí­ a mis espaldas. Adiós y muy buenas.

Tras darle paso al pobre ciudadano, me volví­ a mi moto mientras que por la emisora me metí­a prisa mi compañero:

-M- 6, aquí­ M-8. ¿Viene usted o no viene?
-M-8, aquí­ M-6. Enseguida. He tenido que resolver un problemilla pero ya está resuelto. Deme dos minutos.

Y esto fue lo que pasó aquella tarde. Bueno, hubo algo más. Al cabo de un buen rato, sobre las cinco, y estando parado en otro semáforo, vi acercarse a una BMW, igualita (si no la misma) de la anterior intervención. Huelga decir que hice lo que cualquiera de vosotros hubiese hecho: Tras decirle a mi compañero de pareja “No preguntes y sí­gueme”, poner las luces y la sirena y salir a todo trapo en dirección contraria. Que no estaba yo para más cachondeos aquella tarde.

Blues

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